Hogar dulce hogar
Escapar a toda costa de las grandes ciudades. Encontrar un punto de equilibrio que nos permita desconectarnos de la “locura colectiva” de la cual veníamos, para adaptarnos a una nueva forma de vida. Una nueva etapa.
Con esa premisa llegamos a Nueva Zelanda y nos fuimos a Waiheke, una isla ubicada a 35 minutos de ferry de las orillas de Auckland. Un lugar único y paradisíaco donde viven sólo siete mil personas, población que se triplica durante el verano. Hacia allí nos embarcamos y Waiheke se convirtió en nuestro nuevo hogar.
Refugio de los hippies en la década del 60, fueron ellos quienes comenzaron a habitar esta exótica isla y aprendieron a convivir junto a los Maoríes, quienes en aquel entonces eran tan sólo mil habitantes estables dedicados pura y exclusivamente a la producción agrícola.
Así fue como recibimos el año. Observando desde la costa de en frente los fuegos artificiales que iluminaban el cielo de Auckland, rodeados de gente de todo el mundo que pasaba a brindar por las casas de los lugareños. Todos con sus puertas abiertas de par en par, dispuestos a compartir un momento con quienes tuviesen ganas de celebrar la llegada del nuevo año. No hubo quemados, ni accidentados por fuegos artificiales; no hubo choques, ni heridos, ni muertos por accidente de tráfico; no hubo ni una sola pelea callejera estimulada por el exceso de alcohol. Por momentos era difícil de creer la situación, pero con el tiempo uno se termina adaptando a la vida en un mundo civilizado. Es difícil, pero se puede.
Desde hace 10 años, propulsado por el gran crecimiento económico de Nueva Zelanda, muchos habitantes de ciudades importantes de este país, decidieron construir sus casas de fin de semana en esta isla. Así fue como de a poco la mística hippie se mezcló con la élite de clase alta. A pesar de todo, hoy conviven sin problemas viejos que caminan descalzos y muestran orgullosos sus tatuajes con algunas de las celebridades más ricas de todo el país. Maoríes hippies, multimillonarios y turistas son el producto contemporáneo de esta isla. Un lugar para explorar a fondo y recorrerlo en toda su extensión. Hoy Waiheke se convirtió en nuestro nuevo hogar.


